
La metáfora es la siguiente: cada persona tiene dos facetas: un conductor (que representa nuestro lado lógico, racional, análitico) y un elefante de seis toneladas (nuestra parte emocional, instintiva). Creemos que el conductor toma decisiones sobre nuestra vida, pero en realidad la parte emocional tiene más fuerza e influencia de lo que pensamos en nuestras opciones y decisiones. La única manera de mover al elefante es con motivación y persistencia.
Esto vale también para el trabajo de apoyo a las reformas educativas. Mover al elefante (o elefantes) no es un proceso fácil. Y no sólo hablamos de instituciones burocratizadas. Hablamos también de personas que han perdido conexión con su elefante, conductores erráticos de elefantes fosilizados, o tecnócratas que ignoran que están sobre elefantes y construyen sus modelos alejados completamente de la realidad.
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